Sebastián Ramírez
Del 9 al 16 de agosto de 2025.
@ Transliterado.

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La vida activa degenera en hiperactividad y no solo termina en un burnout de la psique,
sino también del planeta entero, si este no acoge en sí a la vida contemplativa.
— Byung-Chul Han

En Habitar la Fragilidad, parto de una experiencia personal para abrir una reflexión más amplia sobre el estado emocional, corporal y ecológico del mundo contemporáneo. La obra se sitúa en la intersección entre el arte y la contemplación de la naturaleza, reconociendo que muchas de las heridas que atravesamos individualmente son, en realidad, síntomas de una desconexión estructural más profunda: la ruptura entre el ser humano y la naturaleza.

A través de la fotografía y la imagen, creo una poética visual que entrelaza cuerpo, paisaje urbano y elementos naturales. Estos encuentros no buscan la representación literal, sino invitar al espectador a detenerse, a mirar con atención, a habitar lo que ha sido marginado por la lógica del rendimiento. En diálogo con el pensamiento de Byung-Chul Han, Henry David Thoreau y Gabor Maté, el presente trabajo propone la contemplación como un acto de resistencia, amor y cuidado.

Entiendo que la hiperproductividad, la aceleración y el aislamiento no solo agotan la psique, sino que también agotan el planeta. Como ha señalado Maté, el trauma no es lo que nos sucede, sino aquello que nos desconecta de nosotros mismos y nos hace ver al mundo a través de una lente fracturada. En este sentido, Habitar la Fragilidad es una forma de volver a mirar lo que ha quedado silenciado: lo lento, lo vulnerable, lo esencial.

Esta exposición no ofrece respuestas cerradas. Propone un espacio donde el espectador pueda conectar con su propia experiencia emocional, y a la vez, repensar su relación con lo natural. Porque sanar las heridas del cuerpo y del ánima implica también reconfigurar la manera en que habitamos el mundo. Y, como sugiere el título, habitar la fragilidad no es rendirse al colapso, sino aprender a estar con él, a partir de él, desde lo sensible y así poder volver a nuestra verdadera naturaleza: a la totalidad y a la plenitud, la cual parece una utopía cada vez más lejana de lograr, pero que es necesaria para resistir ante la voracidad y velocidad del mundo capitalista en el que habitamos.

Sebastián Ramírez

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